LA CIUDAD

7 ene

la foto (2)

Me pediste que te regalase un sueño escrito. Querías un relato que contase nuestra verdad cargada de encuentros y coartadas. Ansiabas que hablase de la ciudad que nos acogía como hijos pródigos cada vez que el alma nos pedía otra alma gemela, cada vez que llegar a ella era ollar la cima concupiscente del  amor, cada vez que dejarla atrás constituía el suplicio del condenado al destierro.

Necesitabas recrear, cuando leyeras nuestro cuento, ese caminar clandestino, el uno asido al otro, ese reflejarnos en los escaparates ocultándonos de los demás transeúntes. En un futuro sin nosotros querías volver a saborear ese tiempo sin relojes, cuando olvidábamos la hora de comer, si no era para comernos, la hora de beber, si no era para saciar nuestra sed en el acuífero mismo de nuestras bocas.

En esa ciudad éramos nosotros. Nuestro presente estaba ahí. Y yo no fui capaz de describirlo mientras duró. Cada vez que me enfrentaba al folio en blanco, mi mente nívea empezaba a derretirse con el eco de tu voz. Sólo me alcanzaba la retórica para dedicarte frases, o escribirlas en las servilletas de los bares que eran testigos de nuestros cafés y de nuestros juegos malabares bajo la mesa. Cuando regresaba, se me olvidaba narrar, no encontraba sujeto, tampoco acertaba en la conjugación de verbo alguno. Miraba hacia atrás y mis palabras, también mi voz, mi deseo, mis ganas, quedaban ahí, en el andén, contigo, y junto a tus manos que dibujaban adioses en el aire… El sujeto restaba mudo, el escritor, sin oficio.

La última tarde conocimos a un pintor de ciudades. Mientras ultimabas alguna compra con la que sorprenderme, conversé con ese artista callejero.

Le encargué un cuadro. –El más bonito del lugar, le sugerí. No existe el cuadro más bonito de ningún lugar, me advirtió. Pero dibujaré uno. Encontrarás en el  lienzo las andanzas de los amantes por las aceras del olvido.  Cada vez que lo contemples, darás con los bares, los recovecos, los nidos de caricias, las iglesias, las estaciones de metro nocturnas, el tren que parte, y que divide en dos… el mercado, los hoteles y sus noches cargadas de juegos, de sexo, de reciprocidades. Cada vez que lo observes sabrás que no fue un sueño, pero que nada extraordinario dura para siempre, excepto la nostalgia.

Se me quedó observando. Y me aclaró: no tengas miedo, no soy adivino. Simplemente, hace muchos años, tuve una amante.  El odio, el miedo, la pasión y el querer de los amantes furtivos se leen en los rostros. Sé lo que se goza, sé lo que se sufre, sé lo que se miente, sé lo que se vive, sé lo que se muere. Ahora dibujo escenas con la vana esperanza de que sea ella la que me encargue alguna. Porque mientras fuimos nosotros, fui incapaz de plasmar en una tela nuestra historia, las veces que me lo pidió.

Me aclaré la voz. Y supe, en ese instante supe, que jamás encontraría las palabras justas para describir la coreografía de las manos que guiaban mi placer, primero, y  dibujaban despedidas en el aire desde el andén de la estación, después.

HOY VENGO…

10 sep

a saciar tu apetito con el pan de mis letras,

a combatir el silencio de tu soledad,

a sorber la sangre de tu herida etílica,

a morder la manzana de tu pecado muerto de pena,

a sellar tu boca con mi sed,

a rescatar tu sombra de las aceras del olvido,

a prender luces para iluminar pensares,

a amueblar de pájaros las cabezas que nos hacen,

a acariciar violines hasta que los acordes te acaricien los pies del alma,

a llorar la alegría, contigo,

a reírle la gracia al llanto,

a silenciar el latido amargo de un corazón descompasado,

a darle cuerda a tu reloj, enfermo de tiempo terminal,

a asir tu mano para acercar lo lejos y acariciarnos el horizonte,

a otear un cielo preñado de melancolía en el abismo de tus ojos,

a desconocer el miedo,

a conocer tu ausencia escrita,

a conjugar junto a ti, un ser y un estar pareciendo,

a enterrar las piedras de tu camino, HOY VENGO.

 

(Poema inspirado en la obra de Carlos Murciano, “hoy has venido”. Porque sin los grandes, no veríamos la luz de las palabras los que estamos por nacer)

SOY

14 jul

Soy una infancia sin niño, un estribillo sin canción, una rima sin poema, un epílogo sin libro…

Soy un sexo prematuro en el país de siempre jamás…

Soy un pródigo sin hijo…

Soy café en tus labios insomnes…

Soy un cielo enfermo de lluvia…

Soy el silencio en tus conversaciones…

Soy el gato en la cornisa de tu mirada…

Soy la gota que colma tu vaso, que sacia tu deriva…

Soy la última cena del condenado a vivir…

Soy el que siembra letras y recoge epitafios…

Soy una espina que no conoce garganta…

Soy un chiste muerto de risa…

Soy una garganta exploradora de profundidades…

Soy un diablo desalmado que vendió su noche a un sol injusto…

Soy un clandestino trasplantado de corazón…

Soy un corazón donante de clandestinidades…

Soy una sombra que enmascara sueños cuando enciende la luz…

Soy un pecado mansamente pasivo en boca ajena…

Soy la tormenta perfecta que derrama océanos sobre frentes marchitas…

Soy un mar que no conoce la calma…

Soy un viento que solivianta vidas que acaban en mares muertos…

Soy fango, písame, moldéame…

Soy pie, que anda las historias, que camina las músicas, que conduce a ninguna parte…

Soy boca prohibida receptora de besos furtivos…

Soy el que odia como aman los amantes…

Soy sexo en tu mano mutilada…

Soy el que se reencarna en el olvido…

Soy poco, cuando no amanezco por fin…

Soy un libro virgen, un poema encadenado, una canción triste, un niño sin cumpleaños.

Soy…

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